jueves, 17 de septiembre de 2009

Hoy ha amanecido todo blanco. Parece que ya ha llegado el invierno. Dentro de poco las motos de nieve, ahora desperdigadas por las calles del pueblo, podrán empezar a circular. En cambio, a los coches les llega el período de hibernación, y toca enchufarlos a los porches de las casas, intubados hasta la llegada de la primavera. 


Aún no sabemos de qué material están hechas las cañerías, aunque hemos deducido que no pueden canalizarse bajo tierra por el permafrost, palabra básica del vocabulario svalbardiano, que se refiere al suelo permanentemente congelado. Resulta que todo elemento enterrado aquí es expulsado a la superficie. La comprobación científica del fenómeno tuvo lugar hace unos años, cuando los muertos del cementerio salieron a escena, bien conservaditos. Desde entonces está prohibido dar sepultura en Svalbard, y los ancianos tienen que apañárselas para ir a morir al continente. Con lo fácil que sería poner unos cuantos nichos...

Estamos consiguiendo hablar con bastante gente y cosechando los primeros éxitos. Agenda de hoy: acabamos de salir de una clase de español con una profesora chilena muy jarta que dice que vive estresadísima y no para de tomar aceite de bacalao para suplir la vitamina D del sol; ya tenemos cita con el representante del Governor, el sherif todopoderoso de las islas; y una tailandesa como una chota que grita y ríe escandalosamente, sin que se le entienda nada, nos cocinará la cena esta noche: ¡ballena a la tailandesa! 

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